En el pensamiento latinoamericano, pocas figuras han influido tanto como Simón Rodríguez, maestro de Bolívar y uno de los pedagogos más innovadores del siglo XIX. Entre sus aportes conceptuales se encuentra el término Toparquía, una idea que invita a repensar la organización social, política y educativa desde lo local, lo comunitario y lo participativo.
Aunque menos conocido que su célebre lema “Inventamos o erramos”, el concepto de toparquía es fundamental para comprender su visión de una sociedad más justa, cercana al pueblo y profundamente democrática.
¿Qué es la Toparquía?
La palabra toparquía proviene del griego tópos (lugar) y arkhé (gobierno, autoridad).
En términos generales, puede entenderse como:
El autogobierno del lugar.
Para Simón Rodríguez, la toparquía era una forma de organización donde las comunidades gestionan directamente sus asuntos, construyen sus propias soluciones y participan activamente en la toma de decisiones. No se trata de la eliminación del Estado, sino de un modelo donde lo local adquiere protagonismo y autonomía dentro del proyecto nacional.
Toparquía en el pensamiento de Simón Rodríguez
Rodríguez proponía que la construcción de una República debía comenzar desde abajo, desde la comunidad y desde la escuela. Para él:
- Los ciudadanos se forman ejerciendo ciudadanía.
- Las comunidades deben ser protagonistas del desarrollo local.
- Las decisiones deben tomarse donde ocurren los problemas.
- La educación debe estar vinculada a la vida cotidiana, al trabajo y al territorio.
La toparquía era, por tanto, un modelo pedagógico y político a la vez, porque integra educación, participación y organización comunitaria.
Toparquía como proyecto educativo
Simón Rodríguez imaginaba la escuela como un centro social donde:
- Los niños, jóvenes y adultos aprendieran haciendo.
- Se desarrollaran oficios, técnicas y conocimientos útiles.
- La educación respondiera a las realidades del territorio.
- Se fortaleciera la identidad local y el sentido de pertenencia.
Para él, la escuela debía ser el corazón de la comunidad y un espacio de encuentro para la democracia cotidiana.
Toparquía y participación ciudadana
Desde la perspectiva política, la toparquía implica:
- Participación directa del pueblo en la gestión local.
- Colectividad por encima del individualismo.
- Responsabilidad compartida en la resolución de problemas.
- Autonomía de las comunidades para definir proyectos propios.
Rodríguez creía que la democracia debía ser práctica y cercana, no un concepto abstracto o una estructura distante. La toparquía permitía que cada comunidad fuera microescenario de la República.
Toparquía y construcción del proyecto latinoamericano
Simón Rodríguez aseguraba que América debía inventar sus propias formas de organización social. En ese sentido, la toparquía constituye:
- Un rechazo al modelo europeo centralizado y jerárquico.
- Una propuesta de desarrollo basada en la identidad local.
- Un mecanismo para fortalecer la cohesión social.
- Una herramienta para evitar la exclusión económica y política.
Era, en esencia, una idea profundamente decolonial avant la lettre: un llamado a pensar desde nuestro territorio y para nuestras realidades.
Vigencia de la toparquía en el siglo XXI
Hoy, la toparquía adquiere relevancia en debates sobre:
- Democracia participativa
- Gestión comunitaria
- Educación contextualizada
- Economía local y sustentabilidad
- Modelos de gobernanza territorial
En tiempos donde se valora cada vez más la organización comunal, la participación vecinal y la educación con sentido social, la propuesta de Simón Rodríguez continúa teniendo plena vigencia.
La toparquía invita a repensar la sociedad desde lo cercano, lo local y lo humano: desde el lugar donde vivimos, trabajamos, aprendemos y construimos comunidad.