La figura de Simón Bolívar suele asociarse principalmente al pensamiento político, militar y emancipador. Sin embargo, uno de los aspectos menos difundidos, pero más trascendentales de su visión, es su convicción profunda sobre la educación como eje transformador de la sociedad. Para Bolívar, la libertad política era insuficiente sin la libertad intelectual; por eso entendía que la independencia debía sostenerse sobre pueblos formados, críticos y capaces de autogobernarse.
Este ideal está íntimamente vinculado con el espíritu de nuestra Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, cuyo lema “Inventamos o erramos” resume la idea de formar ciudadanos capaces de crear, transformar y construir un país desde la participación activa y reflexiva.
La educación como fundamento republicano
En múltiples discursos y cartas, Bolívar insistió en que la República no podría perdurar sin una ciudadanía instruida. En su famosa frase del Discurso de Angostura (1819):
“Moral y luces son nuestras primeras necesidades.”
queda reflejada la profunda relación que establecía entre la formación ética y el conocimiento como bases del orden social.
La moral, para Bolívar, no se limitaba a costumbres o valores individuales. Era una estructura cívica destinada a orientar a los ciudadanos hacia el bien común, la libertad y la justicia. Las “luces”, por su parte, representaban la instrucción ilustrada: la ciencia, la técnica, la filosofía, el estudio racional del mundo. Ambas dimensiones eran necesarias para construir una República sólida, capaz de avanzar por encima del caudillismo, la ignorancia y la manipulación política.
La educación como derecho y deber social
A diferencia de muchos líderes de su época, Bolívar reconoció explícitamente que la educación debía ser un derecho para todos, no un privilegio de las élites criollas. En sus proyectos constitucionales promovió:
- Escuelas públicas y gratuitas.
- Formación de maestros laicos.
- Instituciones científicas y humanísticas.
- Espacios de aprendizaje técnico para el desarrollo económico.
- Programas de educación cívica para fortalecer la democracia.
Esta visión no solo buscaba modernizar la sociedad, sino también prevenir la desigualdad estructural que había caracterizado a la época colonial.
El maestro como figura revolucionaria
Bolívar siempre elevó el papel del educador. Su propio maestro, Simón Rodríguez, no solo le enseñó letras, sino pensamiento crítico, sensibilidad social y autonomía intelectual. Rodríguez entendía la educación como un proceso creativo, libre, inclusivo y profundamente humano. Ese espíritu dejó una marca definitiva en el Libertador.
Por eso no es casual que Bolívar lo llamara “el Sócrates de Caracas” y que la Universidad que lleva su nombre retome ese legado en su modelo pedagógico: una educación creativa, transformadora, horizontal y adaptada a la realidad social.
Educación para la libertad y el pensamiento crítico
Bolívar advertía que un pueblo sin educación es fácil de dominar y difícil de gobernar democráticamente. La instrucción era, para él, la herramienta que permitiría:
- Desarrollar ciudadanos libres y responsables.
- Combatir la ignorancia, raíz de la tiranía.
- Promover la participación activa en la vida pública.
- Fortalecer la identidad nacional y cultural.
Su propuesta educativa era profundamente moderna: planteaba una enseñanza que integrara la razón, la moral, el trabajo y la ciudadanía.
Legado para el siglo XXI
En la actualidad, su visión mantiene vigencia, especialmente en un mundo donde la información circula rápidamente y donde la formación crítica es indispensable para distinguir verdad de manipulación. Las universidades, y en particular la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, tienen la responsabilidad de continuar ese proyecto: formar profesionales capaces de pensar, crear y transformar, comprometidos con su comunidad y con el país.
Educar para la libertad sigue siendo un desafío histórico. Y, tal como Bolívar lo entendió, sigue siendo la condición fundamental para construir una sociedad más justa, participativa y soberana.